Gobierno de la anteiglesia de Mungia en 1456

Foto proporcionada por Asieritus a través de PanoramioComo ya hemos comentado en alguna ocasión, desde 1376 existieron dos Mungias, una constituida como villa y la otra como anteiglesia. A pesar de estar ambas muy próximas, y sus territorios entremezclados, su carácter era manifiestamente diferente en muchos ámbitos. Uno de estos, aunque no el único ni el más importante, fue el sistema de gobierno y representación de la comunidad. Hablamos de los antecedentes de lo que hoy sería el Ayuntamiento, desde sus inicios en la Edad Media hasta la abolición de las estructuras forales en el siglo XIX.

En esta ocasión, intentaremos acercarnos a cómo se organizaba la anteiglesia a finales de la Edad Media, desde un documento recogido en el Archivo Municipal de Durango, fechado en 1456. En él, quienes entonces formaban el gobierno de la comunidad de vecinos nombraban a cuatro “procuradores” o representantes para que les representasen en unas negociaciones sobre los términos de la villa de Durango con las anteiglesias de Abadiño e Izurtza, pleito en el que participaron procuradores de todas las villas y anteiglesias (Tierra Llana) del Señorío de Bizkaia. Para este nombramiento, encontramos reunidos a “regidores e fieles e escuderos e ommes buenos de la dicha anteyglesia (…) e otros muchos vecinos e moradores”, a fecha de 29 de febrero de 1456 “en el canpo que es entre la villa de Munguia e Santa Maria”.

Por lo tanto, aquí vemos una de las principales instituciones de las que se dotaron las anteiglesias para la toma de decisiones que incumbían a toda la comunidad, lo que se conoce por concejo. Este podía denominarse abierto, si a él se convocaban todos los vecinos, o cerrado, si solo se llamaba a los más preeminentes y “abonados”. En este caso concreto, podríamos inclinarnos hacia la primera modalidad, puesto que se nombra expresamente la presencia de “otros muchos vecinos e moradores” además de los principales y mayores propietarios, que formarían la categoría de “escuderos e ommes buenos”. No por ello tenemos que tener la falsa imagen de democracia de estos concejos abiertos pues no todos los que residían en los términos de Mungia eran considerados vecinos (generalmente solo los propietarios de casa y bienes raíces), y entre ellos solo los hombres mayores de 25 años podían acudir. Estas reuniones, que podían reunirse unas 5 o 6 veces al año, marcaban las líneas generales a seguir respecto a la explotación de bienes comunales, abastecimiento, temas fiscales y nombramiento de oficios municipales.

Y estos últimos, los oficios, son los que forman la otra pieza clave del gobierno municipal, siendo los que gestionaban la cotidianeidad de la comunidad. En el caso de las anteiglesias, no hay un gran desarrollo de estas estructuras, y se suelen reducir al fiel regidor y otros regidores. El fiel regidor era el mayor representante de la comunidad, el que convocaba y presidía los consejos y tenía las principales funciones de gobierno. Dependiendo del desarrollo y complejidad de la comunidad rural a la que representaba, se hacía ayudar por un número variable de regidores. Estos cargos eran anuales, y en esta época elegidos por el concejo abierto o cerrado, aunque después se generalizarán procedimientos como el sorteo, cooptación o insaculación, que harán que los oficios municipales se restrinjan a un círculo cada vez más reducido. En el caso de Mungia anteiglesia, encontramos la presencia de dos fieles, Fortuño de Iturribalzaga y Martín Sánchez de Otuña. La presencia de cargos duplicados en estas épocas ha sido interpretado por algunos autores como consecuencia de la existencia de bandos enfrentados, posicionados cada uno a favor de uno de los bandos nobiliarios existentes en la Baja Edad Media vasca. La duplicación de oficios sería una solución para estas disputas que solían calentar los ánimos en cada uno de los concejos convocados, y la otra de las soluciones, que se dará más adelante, será sustituir la elección vecinal de estos cargos por el sorteo, la insaculación o la cooptación antes mencionadas. Y también se podrían incluir en esta categoría, aunque con matices, los procuradores nombrados en el texto, que eran vecinos a los que se les daba la representatividad de la comunidad para casos concretos, como el mencionado o las reuniones de Juntas Generales. En el documento se nombran cuatro (caso excepcional entre todas las villas e anteiglesias): los dos fieles, Pero Sánchez de Torrontegui y Juan Pérez de Landecho.

Además de estas, había otras autoridades de elección real que también intervenían en uno u otro aspecto en la gestión y gobierno de las anteiglesias, como son los escribanos públicos, en el caso de este documento Ochoa Pérez de Iturribalzaga; o en la impartición de justicia los alcaldes del fuero y tenientes del corregidor. Por tanto, mediante este documento podemos acercarnos a una foto fija de lo que era el gobierno de la anteiglesia de Mungia en la Baja Edad Media, que sin duda posteriormente evolucionó hacia modos más complejos y elitistas, lo que esperamos poder analizar a partir de otros documentos en próximas ocasiones.

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