El gobierno de la villa de Mungia en 1456

En una ocasión anterior (23 de diciembre de 2011) ya se escribió sobre el gobierno de la anteiglesia de Mungia en 1456 a partir de un documento recogido en el Archivo Municipal de Durango en el que la comunidad de vecinos nombraban a un procurador para que les representase en unas negociaciones sobre los términos de la villa de Durango con las anteiglesias de Abadiño e Izurtza. Este documento tiene su equivalente para la villa de Mungia, y a partir del mismo intentaremos acercarnos esta vez a la estructura de un gobierno villano de la Baja Edad Media.

El día de la reunión fue también el 29 de febrero de 1456, en esta ocasión “dentro en la iglesia de sennor Sant Pedro de la dicha vylla de Munguia”, donde se reunía el concejo tras haberse anunciado mediante pregón público unos cuantos domingos antes y tras haber hecho sonar las campanas. En palabras de la época “a canpana repicada e a pregon llamado segund que lo avemos de uso e de costunbre”. Pero el concejo que esta vez se reúne tiene unas características algo diferentes a las que vimos para la anteiglesia, pues en esta ocasión solamente se nombra a “alcaldes, regidores, oficiales, escuderos e ommes buenos de la dicha vylla de Munguia”, por lo tanto a los oficios del gobierno de la villa y a los hombres social y económicamente más relevantes en la comunidad, no todos los vecinos. Es por lo que se puede afirmar con bastante seguridad que nos encontramos ante un concejo más reducido que el concejo abierto, al reunir solamente a los principales del lugar.

Pero hay otro aspecto que diferencia netamente la organización institucional de la que se dota la villa de Mungia, en contraposición de la anteiglesia, que es la mayor abundancia y complejidad de sus oficios locales. Estos no se reducen los fieles, como vimos para la anteiglesia, sino que encontramos dos alcaldes ordinarios, un preboste mayor con su teniente de preboste y dos jurados, además del escribano público encargado de escribir el documento y el procurador nombrado para la ocasión.

Los alcaldes ordinarios, en cantidad de dos como se estableció ya en la carta fundacional de 1376, son en esta ocasión Juan Ochoa de Menchaca y Juan de Çearreta. Estos cargos tenían la responsabilidad de impartir justicia en primera instancia, tanto civil como criminal, tanto en la propia villa intramuros como en el territorio que estaba bajo la jurisdicción de esta misma, teniendo para ello como referencia las ordenanzas municipales (no conservadas en el caso de Mungia) y la legislación real. Si alguno de los vecinos no quedaba satisfecho con la sentencia y tenía recursos para continuar costosos litigios, podía apelar al corregidor de Vizcaya, o a su teniente como tribunal de segunda instancia. El último recurso era la Real Chancillería de Valladolid, a la que solo llegaban los pleitos que implicaban a los principales del lugar, como testimonian los pleitos de mungienses que allí se encuentran. El cargo de alcalde era elegido por el concejo de la villa anualmente, más concretamente en el día de San Bartolomé (24 de agosto), como lo especifica el fuero de 1376, por ser este el día de nacimiento del entonces señor de Vizcaya don Juan, posterior Juan I de Castilla.

El oficio de preboste mayor contrasta con el anterior, pues no es electo por la comunidad o sus representantes, sino que es nombrado por el Señor de Vizcaya, en esta época el rey de Castilla. De hecho, era considerado el representante real o señorial en la jurisdicción de cada una de las villas, y tenía atribuciones tanto judiciales como económicas. En referencia a las primeras, se puede tomar como el “brazo armado” del alcalde ordinario, quien ejecutaba las penas por él dictadas. En el ámbito económico, recaudaba una serie de derechos que le correspondían por la labor que ejercía. Pero la excepcionalidad del preboste no termina ahí, pues su cargo no era anual, sino que se le nombraba por un tiempo indeterminado, lo que le hacía el único oficial que tenía una presencia continuada en los concejos. Y si a esto le sumamos que el prebostazgo se tendió a patrimonializar, esto es, a transmitirse dentro de la misma familia, generalmente una de las principales del lugar, podemos imaginar la influencia que podía ejercer en el gobierno de la villa. En el caso de Mungia fueron los Villela los que más veces gozaron del prebostazgo, lo que le supuso a la familia banderiza una fuente de recursos y un puesto de influencia del todo deseables. De hecho, en el año 1456, el prebostazgo mayor del lugar recaía sobre Fortún Sanchez de Villela, mientras que su teniente era Pedro de Landaeta.

Este organigrama lo completan los jurados, elegidos por la comunidad y encargados de gestionar los asuntos que incumbían a la comunidad villana, con apoyo del concejo cerrado en las ocasiones de necesidad. Estos eran para el año 1456 Martín de Zornoza y Fernando “el barbero”. Pero no hay que olvidar tampoco la figura de uno de los dos escribanos públicos asignados a la villa, el redactor del texto, Martín Sánchez de Villela, probablemente emparentado con los mismos Villela que controlaban el prebostazgo, y que quizás había logrado su cargo, de nombramiento señorial, gracias a la intercesión de sus parientes. Y finalmente, merece ser mencionado también el procurador enviado al pleito referido al principio, Juan de Velendiz, gracias a cuyo nombramiento nos ha llegado este documento que nos acerca una vez más a las personas que a finales de la Edad Media cortaban el bacalao en nuestro pueblo.

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