Al César lo que es del César, y lo que es de Dios… a los patronos

El patronato de las iglesias es un fenómeno de origen medieval que se perpetuó durante la Edad Moderna como una de las múltiples maneras en las que las élites se hacían con parte del excedente productivo del resto de la población. Esta última, predominantemente agrícola, debía dar a su parroquia de referencia el 10% de su producción, para así mantener el culto, asegurar la dispensación de sacramentos o pagar a la representante de Dios en la tierra una renta por el uso de la Creación para su sustento. Pero, a ojos actuales, quizás nos parezca paradójico que muchas veces esta renta fuese a parar a las arcas de los principales linajes nobiliarios y el propio rey. Esto sucedía porque la Corona era la propietaria (y por lo tanto patrona) de muchas iglesias, otras habían sido fundadas por señores laicos (por lo que sus herederos ejercían de patronos) o el rey las donaba por una o varias generaciones a algún señor o notable como pago a su lealtad y servicios. Sea como fuere, una décima parte de lo que los campesinos extraían mediante su esfuerzo de la tierra terminaba financiando, entre otras cosas, el fasto de las casas nobiliarias o la construcción de fortalezas en las Indias. Y esto no fue siempre aceptado de grado por quienes pagaban, como sucedió en Mungia, a la luz de varios documentos consultados desde el siglo XIV al XVIII. Por tanto, el siguiente artículo pretende ser un pequeño resumen de las líneas generales observadas en este lapso de tiempo, que por resumido será también poco exhaustivo. Esperemos poder ofrecer una visión más detallada en próximas entradas.

El propio fuero de fundación de la villa de Mungia nos da unas valiosas pistas sobre el patronato de su iglesia parroquial de San Pedro y Santa María. Según el documento, Juan I había concedido en merced los “pechos y derechos” (rentas a fin de cuentas) a Gonzalo Gómez de Villela (pese a su apellido, pariente mayor de la casa de Butrón). Pero en 1376, fecha de redacción del fuero, el mismo rey lo dona a los moradores y vecinos de la villa a cambio de una renta concejil. Por lo tanto, si seguimos este documento, serían  los vecinos originarios de la villa, seguramente mediante el concejo, los que actuarían como patronos desde el último cuarto del siglo XIV.

Pero un siglo después, en 1480, llegó a la corte de los Reyes Católicos un pleito en el que los “cavalleros e escuderos de la partida y juridiçion de la villa de Monguia” acusaban a Juan Alonso de Mújica (pariente mayor de la casa Butrón-Mújica) de haberles confiscado ilegalmente y por fuerza muchos de sus bienes a modo de pago de las rentas que el concejo y los vecinos de la villa de Mungia le debían, como patrono que era de su iglesia parroquial de San Pedro y Santa María. Los vecinos de Mungia aseguraban que no le debían nada ni se lo habían debido nunca, y por eso reclamaban la devolución de los ganados confiscados, que eran la base de su sustento. Sin sumergirnos mucho más a fondo en la documentación de la época, no podemos todavía determinar cuál de las dos partes reclamaba legítimamente sus derechos y cuál maquillaba la realidad para hacer prevalecer sus intereses. Pero es significativo que en 1512 la casa de los Butrón siga reclamando en pleitos de otra índole sus derechos sobre la iglesia de San Pedro de Mungia, donde se encontraban sus armas y los sepulcros de sus antepasados (como aún hoy se puede observar en el templo mungiarra, a pesar de sus múltiples remodelaciones).

Si damos un gran salto en el tiempo hasta 1770, vemos que el tema del patronato de la iglesia de Mungia seguía siendo de plena actualidad. En esta ocasión, fueron los vecinos de la anteiglesia de Meñaca, dependiente de la de Mungia, los que se dirigieron a la Corona para exigir que su parroquia pasase a formar parte del patronato efectivo de la Corona, pues este había sido usurpado por un grupo de notables encabezados por el Marqués de Mortara, heredero de las casa de Villela y Butrón. Al parecer, la iglesia de Meñaca necesitaba unos arreglos, además de un cura más que atendiese al culto, y ante la negativa o las reticencias de los que ejercían el patronato, alzaron una reclamación en 1761 informando a la Corona del asunto. Esto abrió un cruce de argumentos entre los entonces perceptores de diezmos de las iglesias de Mungia, Larrauri y Meñaca y la Corona, representada por el ilustrado fiscal del Consejo de Castilla, Campomanes. Todo ello es accesible a través del siguiente link de la Memoria Digital Vasca: http://www.memoriadigitalvasca.es/handle/10357/3198

Si alguien siente la curiosidad de echarle un vistazo, apreciará las razones y argumentaciones que cada una de las partes esgrimió para defender su causa. Los antiguos patronos, liderados por el Marqués de Mortara, se dicen los legítimos depositarios del patronato como representantes de los primeros “moradores y vecinos” a los que el rey Juan I donó los “pechos y derechos” de la parroquia de Mungia. Pero el brillante fiscal Campomanes, siempre defensor de los derechos de la monarquía ilustrada de Carlos III, consigue desmontar todo argumento del Marqués y sus seguidores y mostrar a la Corona como única depositaria de esos derechos, una Corona a la que nada mal venía cualquier aportación monetaria dados los costosos compromisos bélicos que le acarreaban sus pretensiones hegemónicas. Pero a pesar de esta victoria dialéctica y legal, parece claro que todavía en 1840 un grupo de notables eran los patronos de la parroquia de Mungia.

Por lo tanto, frente a la imagen apacible e inmutable que a veces se nos transmite de la Edad Moderna, vemos cómo permanentemente podemos encontrar en nuestro pueblo fuerzas enfrentadas por la defensa de sus intereses personales o corporativos. En este caso, son la iglesia de San Pedro y las rentas que a través de ella se recaudaban las que, en sucesivas generaciones y durante por lo menos cinco siglos, causaron enfrentamientos entre notables, vecinos y la propia Corona, que pugnaron por hacerse con ese diezmo con el que en teoría los mortales financiaban su posible ascenso a la inmortalidad celestial. Como bien dice el título, lo que es del César al César, y lo que es de Dios… a los patronos, o a quien mediante la ley o la fuerza se haga valer como tal.

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