“Temiéndome de la muerte…” Actitudes ante la muerte de cuatro mujeres del siglo XVI

Hay procesos y sucesos en nuestras vidas que irremediablemente acontecen, vivamos en el siglo XXI o en el XVI. Uno de estos es la muerte, inevitable final del ser humano dictado por las leyes de la biología. Pero la manera de afrontarla sí que varía, y mucho, de una sociedad a otra, de una época histórica a otra. Como muestra de ello, queremos presentar cuatro testamentos de cuatro mujeres que se enfrentaron a la muerte entre los años 1515 y 1520, procedentes tres de ellas de Mungia anteiglesia y la última de Mungia villa.

Ellas eran Mari Pérez de Aguirre, Maria Saez de Masustegi, Maria Saez de Goya y Teresa de Menchaca, y la contingencia ha hecho que sus últimas voluntades lleguen hasta nuestros días, dándonos algunas pistas de lo que en ese momento les preocupaba. La suerte ha hecho también que sean personas de diferente estado jurídico y poder económico, con lo que esta pequeña muestra abarca un amplio abanico de la sociedad mungiarra de la época. No es nuestra intención hacer un análisis pormenorizado de los documentos referidos, todos ellos publicados en el tomo 135 de Fuentes Documentales Mediavales del País Vasco, editado por Eusko Ikaskuntza. Pero sí que nos acercaremos a los rasgos más curiosos de estos, empezando por unos pocos datos biográficos de nuestras protagonistas.

  • Mari Pérez de Aguirre: era vecina de la anteiglesia de Mungia, moradora en el barrio de Enderika. No estaba casada, y para 1520, fecha del testamento, su padre ya había muerto, por lo que necesitó el consentimiento de su hermano para testar. Era una mujer dedicada, como la gran mayoría de pobladores de Mungia, a actividades ganaderas y agrícolas, como muestran los 7 cerdos y las 10 cabezas de ganado ovino que tenía en su casa, así como el manzanal que poseía y las fanegas de trigo que lega a sus herederos. Vista la herencia que deja, parece una mujer que vivió con holgura en el contexto que le tocó vivir.
  • María Saez de Masustegui: vecina también de la anteiglesia, residente en el molino de Llona, estaba sin embargo casada con Juan de Astuy, con el que tuvo al menos dos hijos varones, Martín y Juan, que son los mencionados en el testamento, además de un nieto llamado Sancho. Su situación económica era también lo suficientemente holgada como para tener a su servicio a una criada, Gracia, a la que deja 500 maravedís de soldada. No en vano, poseía un considerable número de telas de buena calidad y la mitad del monte Manzorrisibar, cuya otra mitad la poseía su marido.
  • María Saez de Goya: vecina de la anteiglesia, del barrio de Achuri, viuda de Juan de Goya. Cuando yacía en su lecho de muerte, tenía al menos una hija, Mari Sant Juan, a la que nombra heredera universal junto con su marido Ochoa de Goya. En esta ocasión, no nos llega gran información sobre sus bienes, pero por las misas encargadas para la salvación de su alma, parece la más humilde de las cuatro mujeres.
  • Teresa de Menchaca: vecina en esta ocasión de la villa, no se da información sobre su estado civil, aunque podríamos asegurar que era viuda. En el testamento nombra a un hijo, Pedro Ochoa de Villela, pero la relación con el mismo no debía ser del todo buena, pues gran parte de la herencia va a parar a sus sobrinos, especialmente a manos de Pedro de Zameza, e incluso deja gran cantidad de telas y otros bienes directamente a su nieta Mari Ochoa de Villela. Pero la relación debía ser más tirante incluso con su nuera, a quien lega una sábana y la saya más vieja (menos que al hospital de pobres), lo que hará que esta proteste, alegando que el testamento se ha hecho a daño y prejuicio de ella y su marido. Parece que esta era la más acaudalada entre las mujeres que hemos conocido, aunque visto desde un contexto más general, como sería el del Señorío de Vizcaya o la Corona de Castilla, eran todas ellas de extracción humilde, aunque no paupérrima.

Una vez presentadas nuestras protagonistas, dejamos para una ocasión posterior las consecuencias que hemos podido sacar del análisis de sus testamentos en lo que se refiere a las actitudes ante la muerte.

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