Mungia cercada entre la Edad Media y la Modernidad

Como se dijo en una entrada anterior, Bizkaia dedica este mes a recordar una época de grandes cambios en su historia, el paso de la Edad Media a la Edad Moderna. Lo hace en el contexto de las Jornadas Europeas del Patrimonio, y desde aquí queremos poner nuestro pequeño granito de arena para dar a conocer un poco más de esta época, centrados ahora en la historia de nuestro
La primera de estas entradas la dedicaremos a la época convulsa que supuso el final del Medievo, las mil veces recordadas guerras de bandos. Nuestro pueblo también las sufrió, y no en vano, la fundación de la villa le debe mucho a esta coyuntura de constantes enfrentamientos y hostigamiento de la población por parte de unos handikis que pretendían agrandar así su poder y riqueza. Muchos de estos episodios son contados por Lope García de Salazar en sus Bienandanzas e Fortunas, pero hay un hecho que escapa a su pluma, y que intentaremos esclarecer durante las siguientes líneas, a partir de documentos judiciales provenientes del Archivo General de Simancas, publicados por Eusko Ikaskuntza en Fuentes Documentales Medievales del País Vasco.pueblo, Mungia.

Este episodio que intentamos rescatar del olvido es el cerco que sufrió la villa allá por los años 1471 o 1472, pues la documentación a la que hemos tenido acceso no nos permite ser más precisos. Según cuentan los testimonios de la época, un grupo de “malfechores salteadores” atacaron a los escuderos del solar del linaje de Villela, con intención de “les ferir e matar”, con lo que los parientes de los nobles mungiarras se vieron obligados a resguardarse entre las murallas de la villa. La situación de asedio se prolongó durante dos meses, en los que “morieran fijos e hermanos e parientes” de los mungiarras, y que los atacantes aprovecharon para fechorías como las que se relatan a continuación:

“Contra toda rason y derecho dis que entraron la dicha villa de Mungia e anteiglesia y las conbatieron e robaron e mataron muchos vecinos y moradores dellas y quemaron muchas casas e llebaron muchos omes presos e los rescataron (o sea, pidieron rescate por su liberación) e fisieron muchos males e dapnos, desaguisados, e les tomaron y llebaron muchos de sus bienes muebles, raises e semimovientes”

Esto es lo que nos relatan los que padecieron el cerco, quienes en 1480 y 1483, reclamaron a la Corona, detentada en ese tiempo por Isabel la Católica, que se hiciera justicia. Pero cualquier persona curiosa no se tranquilizaría con conocer la versión de una parte, sino que trataría de ver qué nos cuenta la otra, y sobre todo, trataría de deducir qué intereses estaban detrás tanto de unos como de otros. Y son una vez más los viejos papeles guardados en los archivos los que nos ayudan a acercarnos a una versión más sopesada del asunto.

No en vano, otro documento expedido por la Corte nos muestra como en 1484, tras haber ordenado que el Corregidor de Bizkaia investigase el asunto para hacer justicia, la Reina Católica se retracta y pide a este que detenga las pesquisas iniciadas al respecto. De hecho le pide que libere a quienes tenía retenidos. Y todo esto lo hace por petición de Juan Alonso de Mújica, señor de Aramayona y Butrón, uno de los más importantes banderizos. Por tanto, aquellos “malfechores salteadores” no eran otros que los escuderos del principal pariente del bando Oinaz. Y si ampliamos un poco más nuestra búsqueda, veremos que tras quienes les denunciaron ante la justicia real, se encuentran sus eternos rivales, los gamboinos, a través de Mayora de Villela, pero sobre todo de su marido Pedro de Avendaño, del mismo nombre que aquel pariente mayor que en 1454 fue expulsado junto con el mismo Juan Alonso de Mújica de Bizkaia por el rey Enrique IV. De hecho, tanto Pedro de Avendaño como los pobladores de la villa de Mungia se litigaron intensamente contra Juan Alonso de Mújica durante el año 1480, acusándole de hacerse ilegalmente con ciertos diezmos, de falsear documentos, de raptos, asesinatos, falsificación de documentos e incluso de haber violado a doncellas vírgenes, menores de 14 o 15 años “fasta en numero de çient e cincuenta o más”. El señor de Butrón parecía ser la reencarnación del mismo Diablo, o quizás quienes se le oponían tenían especial interés en desprestigiar su figura. Seguramente, haya tanto de una cosa como de la otra.

En la búsqueda de documentos, encontramos incluso un interesante pleito del mismo año en el que Pedro de Avendaño, en representación de su mujer Mayora de Villela, le reclama una serie de bienes tomados por la fuerza al abuelo y al padre de Mayora hacía unos ocho años, esto es, al mismo tiempo que Mungía era cercada. Y de hecho, es probable que este sea el motivo principal por el que hacia el año 1480 comenzó tal campaña de litigios contra Juan Alonso de Mújica. Concretamente se le reclamaban los diezmos de Santa María de Gatika, dos ferrerías, un molino, seis casas y media y ciertos montes y terrenos, valorados todos ellos en 200.000 maravedíes. Juan Alonso de Mújica se negaba a ello, alegando errores en las formas y condiciones para devolver lo tomado. Así que, estando en juego tal patrimonio, bien valía organizar una campaña de desprestigio tal en la corte, donde para esas fechas se dirimían las diferencias.

Pues uno de los principales cambios que apreciamos en los ocho años que pasan entre el cerco de Mungia y la proliferación de pleitos entre ambas casas banderizas, es que las espadas fueron arrinconadas para dejar paso a la pluma. Esto es, la Monarquía emergió, haciéndose con el monopolio de la violencia y referente en el reparto de justicia. Y estos dos rasgos, son uno de los principales indicadores de que el conocido como Estado Moderno estaba en ciernes. Así, desde la cercanía de nuestro pueblo podemos ver uno de los procesos más importantes de la Europa Occidental, el surgimiento (o resurgimiento) del Estado, que entre otras muchas cosas, fue un factor determinante en el final de la Edad Media e inicio de la Edad Moderna.

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