Sobre calles y nombres I

DSCF5122Desde hoy día 27 de diciembre, los vecinos de Mungia podemos recoger un año más los calendarios editados por nuestro Ayuntamiento para el año que pronto llegará, el 2013. Esta vez, los meses están dedicados a personajes célebres de nuestro pueblo, o que guardan estrecha relación con él, cuyos nombres han quedado para siempre fijados en el nombre de alguna de nuestras calles. Es nuestra intención iniciar cada mes con una entrada que muestre la biografía de estos personajes, tal y como aparece en el calendario, o quizás completada con información adicional.

Pero antes de ello, creemos conveniente hacer una reflexión sobre el nombre dado a las calles, pues a pesar de parecer un tema banal, es de suma importancia para entender parte de nuestra historia.

La costumbre de dar nombre a las calles viene desde antiguo, y tiene principalmente fines prácticos, como es el de la localización de los lugares o la situación dentro del espacio urbano. Durante largo tiempo, nuestro territorio no contó con calles que bautizar, pero sí que dio sus nombres a accidentes geográficos, caminos, barrios y por último casas. No en vano, una de las características del poblamiento disperso de Euskal Herria es la importancia dada al solar, el baserri, que tenía un nombre propio, y que a menudo pasó a ser el apellido de la familia que lo habitó por primera vez. A partir de la fundación de las villas, aparecieron en nuestro territorio núcleos poblacionales con entramados urbanos que hacían necesarios dar nombres a las calles. En el caso de Mungia, estas se reducían a dos, por lo que simplemente se identificaron con una “Calle de arriba” y una “Calle de abajo”. Las fuentes nos dejan muchos variantes de estos nombres: de Suso-de Baxo, Susera-Yusera, Susera-Somera, de Arriba-Bajera… En la época de la Guerra Civil se llamaban San Pedro y Torrevillela, y hoy en día, una de ellas vuelve a recuperar su nombre originario, Bekokale. Otras calles tomaron el nombre de caminos o elementos destacables (Gamiz bidea, Iturribide) o de topónimos preexistentes (Trobika, Berteiz, Landetxo…), así como de los gremios u oficios que en ellas se agrupaban (Errementari kalea). El recurso a estos elementos suele ser común también hoy en día, y gracias a la cual se conservan muchos de los topónimos antiguos (Atxurizubi, Olalde, Elorduigoitia…), y se crean nuevos (Ibaigane, Goieta…).

Pero es desde el siglo XIX que dar nombre a una calle ha dejado de ser un acto desprovisto de intención. De hecho, los nombres dados a las calles dice mucho de la sociedad que se los da, sobre todo de los poderes políticos que deciden sobre ella y de la identidad que diversos agentes políticos, sociales y culturales quieren construir. Es así como, el análisis de los nombres de calles de una población, y también de Mungia, puede dar muchas pistas sobre la identidad presente, pero también pasada de nuestro pueblo. Este aspecto lo dejaremos para una entrada próxima, que hará más comprensibles las que dedicaremos a reproducir las biografías que nos presenta el Ayuntamiento de Mungia en el calendario del año 2013.

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