Sobre calles y nombres II

DSCF5124Como ya se dijo en la entrada anterior, la denominación de las calles de un pueblo tienen una clara intencionalidad a partir del siglo XIX, momento por otra parte de gran crecimiento urbanístico. Desde entonces, los poderes locales fueron conscientes de que, al llamar de una u otra manera a las calles de los pueblos, se imprimía en la memoria colectiva de los vecinos uno u otro mensaje. Digamos que una acción tan aparentemente sencilla pasó a ser una acción política en toda regla, y aun hoy lo sigue siendo. Y sin que podamos entrar en el detalle, es lo que se intentará vislumbrar en esta entrada, en lo referido a nuestro pueblo.

Empezaremos por el corazón mismo del pueblo, por nuestras calles más céntricas y por tanto las más representativas, las que más simbolismo poseen. Pues es en el centro de Mungia donde encontramos un lugar tan significativo como la Foru Emparantza, la Plaza de los Fueros, que tan defendidos fueron durante el siglo XIX en dos guerras carlistas, y que pasaron a constituir una parte fundamental de la identidad euskalduna desde el siglo XVIII, pero sobre todo tras su abolición en 1876. Así, nuestro pueblo, como foral y carlista que fue durante muchos años, no tiene ninguna plaza de la Constitución, símbolo del liberalismo decimonónico, sino una plaza dedicada a las antiguas leyes de Bizkaia, los Fueros. Y junto a ella, encontramos Matxin Enparantza, en memoria del personaje histórico más celebrado de nuestro pueblo, el marino Matxin de Mungia, al que hace tiempo dedicamos una entrada, y que se convirtió sucesivamente en símbolo de heroísmo, catolicismo y finalmente vasquismo. Conectando el Ayuntamiento con Bekokale, germen de la villa de Mungia, encontramos la calle Concordia o Alkartasuna, que sin duda hace referencia a la unión de la villa y anteiglesia, uno de los momentos más importantes en la historia de Mungia. La fuente del mismo nombre, y que representa esta unión, volvió hace poco a una posición cercana a la originaria, entre ambas plazas.

Pero si un movimiento político ha marcado el carácter de Mungia durante el siglo XX, ese es el nacionalismo vasco. Un nacionalismo vasco muy unido al PNV, y por lo tanto tradicionalista y católico hasta bien sobrepasado los mediados de siglo. De hecho, ha sido este partido el que ha gobernado nuestro pueblo desde el fin de la dictadura franquista, y fue quien lo hizo también durante la II República. Y es por ello que su impronta se deja notar en las calles de nuestro pueblo. Es así como una de nuestras calles tiene el nombre del fundador del jeltzalismo, Sabino Arana Goiri, otra porta la del lehendakari Laizaola, y otras las de célebres euskaldunes, como San Ignacio o Aita Arrupe, que no por casualidad pertenecen al clero. De hecho, hay un conjunto de calles que claramente reivindican el Zazpiak Bat, las situadas entre Sabino Arana, Aita Elorriaga y Aritz bidea. En un inicio llevaron los nombres de las capitales de Hego Euskal Herria: Bilbo, Gasteiz, Donostia e Iruña. Y con los pisos de nueva construcción realizados junto a estas calles, se ha dado el salto a Iparralde, con las calles Donibane-Garazi, Maule y Baiona.

Un último grupo de calles es el que hace referencia a personajes ilustres de Mungia, que son precisamente las presentadas en el calendario referido. Bautizar una calle con el nombre de un vecino ilustre es sin duda una de las mayores muestras de gratitud y reconocimiento que un pueblo puede realizar, pues supone la permanencia del nombre propio durante muchas generaciones. Y también podemos suponer que fue en una época un honor al que muchos aspiraron, en su búsqueda de reconocimiento y prestigio social. Este fenómeno se conoció en el siglo XIX, pero no era nuevo, pues civilizaciones como la romana explotaron este recurso hasta la saciedad. Las élites de las ciudades romanas sabían muy bien que la colocación de una estatua o edificio con su nombre garantizaba la pervivencia de su nombre y el de su familia. Y eso les impulsó en gran medida a realizar donaciones a sus ciudades, o construir edificios públicos que llevarían su nombre (Basilica Aemilia, Anfiteatro Flavio…). Y las élites mungiarras no actuaron de manera demasiado diferente, de modo que colaboraron con el desarrollo del pueblo desde sus posiciones acomodadas, y el pueblo se lo agradeció dedicándoles calles en su honor. Al parecer, la estrategia ideada por nuestros antepasados hace 2000 años sigue siendo válida, pues de hecho, es a consecuencia de estas dedicaciones de calles que volveremos a hablar de estos personajes célebres de nuestro pueblo, cuya mayor virtud fue en muchos casos la de protagonizar actos filantrópicos en una época en la que las garantías de bienestar dadas por las instituciones públicas a los ciudadanos dejaban muchos que desear.

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