Monoteísmo primitivo y temprana evangelización en Mungia I

Hubo un tiempo en el que los euskaldunes se reivindicaron como los más antiguos cristianos de la Monarquía Hispánica, nunca contaminados por el politeísmo y la idolatría, monoteístas desde el inicio de los tiempos, los primeros en abrazar la fe de Jesucristo. En un contexto en el que el ser cristiano viejo era sinónimo de privilegios, los vascos dijeron ser los más viejos entre los cristianos viejos, sobre todo aquellos oriundos de la provincia de Gipuzkoa y el señorío de Bizkaia, que debían defender su condición universal de hidalgos.

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Esta imagen se construyó y mantuvo desde el siglo XVI fundamentándose en un mito historiográfico, una idea convertida en dogma histórico que actualmente suele denominarse como el “monoteísmo primitivo” de los vascos. Según se puede leer en las crónicas de la Edad Moderna, Túbal, nieto de Noé, habría sido el primer habitante de España de la Península Ibérica, asentado en el extremo occidental del Pirineo. Éste habría traído consigo no solo los primeros habitantes, sino también una de las 72 lenguas surgidas de la confusión de Babel, el euskera, una serie de leyes y costumbres ejemplares y la creencia en un único Dios, esto es, la religión monoteísta. Los vascos serían los descendientes directos de Túbal, que se habrían resistido a las sucesivas invasiones de fenicios, griegos, cartagineses, romanos, godos y musulmanes preservando puro e intacto su antiguo legado. A ello se sumaría la rapidez con la que adoptaron el cristianismo de la mano de figuras como Santiago apóstol, San Pablo o el obispo de Toulouse San Saturnino. Todo ello constituía razón más que suficiente para gozar de una situación privilegiada, la de la hidalguía universal.

El mito historiográfico, por tanto, podía tener una repercusión jurídica y social importante si era bien utilizado. Es por ello que además de reivindicar la antigüedad de la religión cristiana entre los vascos, era necesario probarla. Dos argumentos se obtuvieron de las fuentes clásicas, concretamente de Estrabón, geógrafo griego del siglo I d.C. Los vascos se identificaron, contra toda evidencia, con los cántabros antiguos, para hacerse protagonistas de la enconada oposición a Roma que estos protagonizaron. Estrabón contaba de los celtíberos y sus vecinos del norte (entre ellos los cántabros) que rendían culto a una “divinidad sin nombre”, que rápidamente se quiso identificar con el Dios único de la Biblia. Además, decía que tal era la falta de cordura de los cántabros, pueblo completamente bárbaro para Estrabón, que cuando eran crucificados cantaban himnos de victoria. Los cronistas y eruditos de la Edad Moderna vieron en ello una clara muestra de culto a la cruz, incluso si este era anterior a Jesús de Nazaret. Pues recordemos que las guerras de Roma contra cántabros y astures sucedieron entre el 29 y 19 a.C.

LunaEn el siglo XIX el mito del monoteismo primitivo y la temprana evangelización se mantuvo entre unos vascos que se mostraban como los más puros españoles, los mejores preservadores de las esencias primigenias, entre las que destacaba la catolicidad. Aunque con una función diferente, los religiosos, políticos y literatos que defendían los Fueros, la Religión y la sociedad tradicional durante el siglo XIX siguieron utilizando mitos y argumentos que habían surgido a finales del Medievo. Fue al final de este siglo, de la mano de los estudios etnográficos y antropológicos sobre mitología vasca llevados a cabo por personalidades como José Miguel de Barandiarán o de las obras literarias de autores como Pio Baroja cuando empezó a hacerse fuerte una imagen completamente opuesta sobre el origen del cristianismo entre los vascos, que destacaba la tardía cristianización y la pervivencia del paganismo hasta la contemporaneidad. Imagen que, como ha demostrado la historiografía reciente, tampoco se corresponde con la realidad histórica.

Y después de toda esta explicación, el lector se preguntará qué tiene que ver Mungia, nuestro pueblo, con todo esto. Pues parece ser que en nuestro territorio apareció una de las pruebas más concluyentes de la temprana cristianización de Bizkaia, una de las referencias más repetidas cuando se tenía que argumentar el mito historiográfico comentado. Pero por no extendernos demasiado en la explicación, y para mantener algo el suspense, hemos creído conveniente esperar a una siguiente entrada.

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