Mungia en El Oasis de Juan Mañé y Flaquer

Pocas descripciones de Mungia aparecerán tan pintorescas como la que nos dejó el político y escritor catalán Juan Mañé y Flaquer en el tercer volumen de su obra El Oasis. Viaje al País de los Fueros hacia 1880. Este defensor de los fueros tras la abolición de 1876 quiso dejar larga constancia de su visita al País Vasco y Navarra, haciendo escala, entre muchos otros lugares, en nuestro pueblo. Aquí dejamos algunos fragmentos de la descripción que le dedica:

“A medida que nos acercamos a Munguía, todos nos recuerda a épocas muy anteriores a la nuestra que los edificios y los hombres muestran cierta tenacidad pintoresca en perpetuar, como se verá por los tipos que el fácil pincel de mi amigo Iturralde, ilustrador de esta obra, ha reproducido con exactitud admirable, en cuanto es posible conservar cuando desaparece el color.

Aldeanos del valle de Mungia en El Oasis de Mañe y Flaquer (1880)

Hay dos poblaciones que llevan el nombre de Mungia, una anteiglesia y una villa. Las dos están juntas, tocándose y confundiéndose, situadas a tres leguas cortas de Bilbao, tres de Guernica y dos y media de Bermeo. Hállanse en una hermosa y fértil vega que interrumpen algunos collados y riegan varios arroyos tributarios del río Butrón. La disposición y fertilidad del terreno, los grandes bosques que contribuían a su defensa, fueron causa de que durante muchos años disputaran su dominación turbulentas y famosas banderías (…).

Ya he dicho que aunque la villa y la anteiglesia son dos poblaciones diferentes parecen una sola, y para poder conocer en donde se dividen sus jurisdicciones preciso es mirar con especial cuidado los mojones que las separan; pero como su origen y su historia son distintos, he de hablar de cada una de ellas separadamente. Según Sandoval, las memorias más antiguas que se conservan de la anteiglesia son dos escrituras de los años 1053 y 1082, que se hallaban en el archivo de San Millán de la Cogolla; pero los restos de algunos edificios indican una fecha bastante anterior y revelan que Munguía fue uno de los primeros puntos poblados de Vizcaya. Ocho barriadas reúne la anteiglesia, y son: Achuri, Goiri o Basozabal, Elguezabal, Llona, Atela, Trobica, Villela y Marcaida. Su jurisdicción abraza un espacio de cerca de cuatro leguas y encierra una iglesia y las ermitas de San Martín, en Achuri; Santa María Magdalena y San Lorenzo, en Mazustegui; San Antonio Abad, en Atela; Santa María en Trobica y San Andrés en Villela. La parroquia, dedicada hoy a Santa María y antiguamente a San Pedro, fue consagrada en 1091 por el obispo de Calahorra D. Pedro Nazario. La iglesia se halla situada en un ribazo contiguo al río Plencia o Butrón y consta de una sólida nave de 98 pies de longitud y 28 de latitud, con espaciosas bóvedas, dos capillas y cinco altares de regular construcción. El anchuroso cementerio, que está enfrente, llama la atención por ser sus dimensiones muy grandes comparándolo con la iglesia, y como está bajo cobertizo, sirve de refugio a las personas que en días de lluvia esperan que se abra el templo para entrar en él. La segunda parroquia es una nave de 66 pies de longitud y 37 de latitud, con tres altares, atrio al lado derecho y torre al izquierdo, fabricada en el año de 1782 (…).

Aunque los términos de la villa son de mucha extensión, puede decirse que en ella no hay más que dos calles y una plaza cerrada. La villa tiene por armas cuatro llaves y dos lobos. Esta villa encerraba un edificio de antigüedad y mérito del que hoy quedan escasos restos. Me refiero a la torre de Villela del que solo se conservaba una torre almenada y un muro exterior casi derruido, cuando los marqueses de Cancelada, sus actuales dueños, dispusieron su restauración con más buena intención que fortuna, pues hoy ha perdido todo su carácter de antigüedad esta famosa torre, tan combatida y tan codiciada por los señores de Butrón (…).

Mungia cuenta unos 2.000 habitantes dedicados casi todos a la agricultura, pues han desaparecido las numerosas ferrerías situadas a orillas del caudaloso río Oca, que en otro tiempo dieron a esta villa importancia y riqueza. Sus labradores se dedican al cultivo de la hermosa campiña que produce abundante trigo, maíz, castañas, manzanas y hortalizas muy sabrosas; pero lo que hoy da más fama a Mungia es la cebadura del ganado vacuno y de cerca, sacándose de este último chorizos que pueden competir en sabor y curación con los tan renombrados de Extremadura.

Munguía dista tres leguas de Bilbao que se recorren en camino real en el espacio de dos horas. Este camino es algo incómodo por sus elevadas cuestas; pero ofrece puntos de vista que lo hacen en extremo agradable. Uno de los más pintorescos es el gran panorama que forma el valle de Ibaizabal, el que se presenta a nuestra vista desde que se empieza a subir el alto de Santo Domingo. Recorrile al caer la tarde, en hora en que las lugareñas volvían del mercado de Bilbao alegres y apresuradas, como quien lleva a su casa la satisfacción de una buena venta y el deseo de volver a hallarse entre los suyos, y este movimiento que encuadraba perfectamente con el paisaje favorecido por la tibia luz del sol en su ocaso, producía una impresión grata por lo apacible. Nosotros hemos de seguir un camino opuesto, ya que, según mi itinerario, desde aquí nos hemos de trasladar a Bermeo, siguiendo la continuación de la carretera que de Bilbao conduce a esta villa.”

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